Ideología
Robyn Quin - Edith
Cowan University
La ideología es una categoría fundamental para el
análisis y comprensión de los medios de comunicación. Aunque el término
"ideología" posee muchas definiciones, las he reducido aquí
intencionadamente a sólo dos para observar más claramente sus diferencias.
Definición 1. La ideología es un conjunto de ideas,
normalmente políticas, formuladas deliberadamente, coherentes y racionales,
empleadas para delimitar y comprender la forma en que puede organizarse la
sociedad.
Utilizada de esta manera, se confiere a la ideología un
carácter peyorativo, buscando denigrar y anular las ideas de aquellos a quienes
se refiere. Este uso del término sugiere que las ideas, de alguna forma, son
inherentemente falsas e imperfectas puesto que no son realistas (en el sentido
de que son inalcanzables) o no reflejan la realidad. Es habitual que la gente
se refiera a la filosofía de un cierto movimiento político como si se tratara
de una ideología: ideología nazi, fascista, socialista, de derechas, de
izquierdas, etc. Las ideologías son, en este sentido, algo que alguien trata de
imponernos.
Esta definición no es útil para nuestro propósito puesto
que desestima las ideologías sin preocuparse de saber lo que son.
Definición 2. La ideología es un conjunto de valores
sociales, ideas, creencias, sentimientos, representaciones e instituciones
mediante el que la gente, de forma colectiva, da sentido al mundo en el que
vive.
Todo el mundo debe tener un conjunto de valores,
sentimientos, creencias que ‘tenga sentido’ para ellos. Todo aquello que
hacemos —ir a trabajar, visitar un amigo, leer un libro— debe tener algún
sentido. Por supuesto, es posible que comencemos a hacer algo que no tiene
sentido y dejemos de hacerlo. Como sabréis, hay ocasiones en que ponemos en
duda nuestra ideología y pensamos que ha dejado de tener sentido atenerse a
ella de la misma forma en que veníamos haciéndolo. Claros ejemplos de esto
podrían ser el nacimiento de un hijo, la pérdida del trabajo o de un amor, o
una tragedia en nuestra comunidad. Si cambiamos entonces nuestro
comportamiento, habremos encontrado una nueva forma de acción social que vuelve
a tener sentido; habremos adoptado un nuevo conjunto de sentimientos, creencias
y valores.
Esta definición se fija en el hecho de que la gente busca
sentido al mundo colectivamente. Para que una ideología tenga repercusión
social debe ser compartida, convenida entre un grupo numeroso de personas. Yo
puedo creer que soy la reencarnación de la Princesa Diana de Gales. Pero si nadie
acepta esta creencia, me encerrarán en una clínica psiquiátrica. Si la creencia
comienza a ser compartida extensamente, se abre ante mí un futuro de fama y
fortuna. Éste es un ejemplo tonto y trivial. Pero puede no serlo si una persona
o personas deciden tener la "solución final" al "problema
Judío" o al de la convivencia interracial en la antigua Yugoslavia, etc.
Las dos definiciones comparten este mismo argumento: las
ideologías son conjuntos de ideas que explican cómo funciona la sociedad,
aquello que da sentido al mundo. Pero la segunda definición hace hincapié en
que las creencias y los sentimientos son importantes en cualquier ideología.
Esta idea nos traslada fuera del reino de lo puramente racional y consciente.
Lo que estoy sugiriendo es que las ideologías se conectan a nuestros corazones
tanto como a nuestras cabezas y no siempre somos conscientes de ellas. Pondré
algunos ejemplos:
Ejemplo 1. En ocasiones,
las ideologías parecen algo de sentido común. Por ejemplo, si deseo obtener un
préstamo lo solicito en un banco, recibo el dinero y abono los intereses.
Parece de sentido común. Sin embargo, durante la Alta Edad Media, en Gran
Bretaña, los cristianos tenían prohibido prestar dinero. Hacerlo era usura, un
pecado terrible. El préstamo de dinero se convirtió así en el oficio de los
judíos, que no estaban sujetos a las leyes cristianas. Hoy en día, los bancos
prestan dinero y obtienen a cambio un beneficio, pero se le llama interés y
nadie se para a pensar en ello.
Ejemplo 2. Realizamos
muchas acciones sin ser plenamente conscientes de sus motivos. Esto es obvio en
el caso de las habilidades motoras como masticar, caminar y conducir. Las hemos
aprendido y las realizamos sin pensar conscientemente en ellas.
Esto también es cierto respecto de muchas de nuestras
acciones sociales, imbuidas de creencias, sentimientos y valores, pero que
realizamos sin un motivo consciente.
¿Qué sucede cuando coincides en una puerta con una
persona del sexo contrario? ¿Quién pasa primero? ¿Alguno de vosotros abre la
puerta para que pase antes la otra? Sospecho que hagáis lo que hagáis no lo
habréis pensado demasiado antes de hacerlo; sin embargo, tras la elección
subyace una ideología acerca de la relación entre sexos. Pensad acerca de estas
posibilidades:
El hombre abre la puerta, la mujer pasa.
El hombre abre la puerta pero la mujer lo invita a pasar
primero.
El hombre desacelera el paso para permitir que la mujer
llegue a la puerta antes que él.
La mujer abre la puerta para que pase el hombre. Etc.
La opción tradicional es que la mujer entre primero. Lo
cual, en términos de relación entre sexos se puede interpretar a su vez como
una prueba de:
El respeto masculino y la deferencia hacia la mujer,
reconociendo su superioridad.
Que los hombres piensan que las mujeres son inferiores y
débiles y hay que abrirles las puertas.
Que aunque la mujer pase primero es el hombre el que
controla la situación al abrir la puerta y hacerle un gesto para que pase.
Que el hombre quiere dejar que la mujer se adentre
primero en un territorio desconocido para facilitarle a él el contacto social.
Muchas de estas visiones sugieren que el hombre controla
lo que va a pasar, y que, incluso si la mujer entra primero y agradece que le
muestren respeto, eso es también una prueba de la aceptación del poder del
hombre. Mi opinión es que es improbable que el hombre haya tenido en cuenta
todas estas posibilidades antes de tomar la decisión acerca de qué hacer con la
puerta. Probablemente sólo habrá hecho lo que ha venido haciendo siempre, sin
detenerse a pensar demasiado. Mi argumento es que la gente actúa a menudo en el
plano de la ‘consciencia inconsciente’; aunque las cosas se hagan sin pensar en
sus motivos, aún así implican una posición ideológica.
Ideologías en
el lenguaje, en los textos y en las representaciones
Las áreas más significativas para el análisis de la
ideología en las investigaciones sobre los medios son las del lenguaje, los
textos y las representaciones. Lo cual no significa que estas áreas sean las
únicas sobre las que puede actuar la ideología: la ideología puede encontrarse
también en instituciones materiales. Puede contemplarse el hogar como un
ejemplo de ideología en acción. Hay espacios familiares, comunes a todos sus
miembros, donde la familia suele reunirse. Otros espacios son privados e
incluso los propios miembros de la familia quedan excluidos de ellos: el cuarto
de baño, la ducha, y puede que incluso el dormitorio de cada uno. La edad en
que a los niños se les permite acceder a estos espacios privados vuelve a
reflejar la ideología relacionada con la edad y el sexo. Tal vez permita que su
hijo de dos años entre con usted en el cuarto de baño, pero no dejará que lo
haga el de quince. Las culturas occidentales estructuran sus construcciones en
torno a la ideología y la cultura familiares. No sucede lo mismo con la cultura
aborigen de Australia, la cual conserva una amplia estructura comunitaria que
incorpora miembros de tres o más generaciones de individuos, no siempre unidos
por lazos de sangre o matrimoniales.
A medida que se modifican las ideologías, se modifican
también las estructuras para reflejar el cambio. Cuando yo era pequeña, la
cocina era una habitación separada, situada en la parte posterior de la casa.
Mi madre iba allí a cocinar. Mi padre se quedaba en la sala de estar. Hoy en
día las cocinas son más grandes, céntricas, confortables, compartidas y, cada
vez más, integradas en la sala de estar. Ello refleja un cambio en la ideología
como consecuencia de la emancipación de la mujer en el siglo XIX y el
desarrollo del feminismo.
La ideología
de las imágenes publicitarias
Este anuncio idealiza la vida familiar y el disfrute de
la propiedad, y con ello el matrimonio y la heterosexualidad. Nada hay de malo
en ello; por supuesto, se trata de ideales perfectamente normales y saludables.
Es la idea de lo ‘normal’: la forma en que la imagen evoca la historia
completa, sugiriendo y apoyando un estilo determinado de vida y, por tanto,
presentando una construcción ideológica. Una manera de comprender el
significado ideológico de una imagen y revelar su fondo es preguntarse: ¿qué
implica la narrativa de la imagen? ¿Qué acaba de suceder en la imagen y que
es lo que va a ocurrir a continuación?
El anuncio nos ofrece dos imágenes, una del pasado y otra
actual, que, enlazadas, construyen la historia. La historia trata de la
recompensa obtenida por seguir el estilo de vida de la familia tradicional
suburbana, un patrón de vida ‘normal’ o ‘ideal’. La imagen superior muestra
cómo la familia suburbana, recién creada, se embarca en una nueva vida en
común: la falta de césped, los arbustos pequeños (lo nuevo), la parcela y la
valla (zona residencial), la unión (embarazo). La imagen presenta la historia
de una joven pareja que se ha enamorado y está a punto de formar una familia en
su nuevo hogar.
La segunda imagen del anuncio completa la narración. El
paso del tiempo (diez años) ha hecho fructificar las cosas. El jardín ha
crecido (los árboles), la barba del gnomo es más larga, el trabajo industrioso
de la pareja ha resultado en un atractivo jardín y un hijo sano (aunque no
vemos el trabajo sino sólo sus resultados). Más allá, detrás de la valla, se
ven signos de que este proceso sucede también a su alrededor, también han
crecido los jardines vecinos.
La escena insinúa que el progreso y la felicidad pueden
hallarse adoptando un estilo de vida doméstico en un área residencial. Es todo
un compendio del sueño Australiano acerca de la absoluta felicidad ideológica.
Sin embargo, no todo el mundo interpretará esta imagen de la misma forma. Para
un homosexual, la pareja heterosexual puede parecerle exactamente lo contrario
de la felicidad absoluta. Para una persona que le guste vivir en una gran
ciudad, rodeado de mucha gente, la imagen del anuncio puede resultarle un
panorama insufrible y aburrido. Para una persona negra de mi país, la escena
puede representar un ejemplo de prosperidad blanca ganada a costa de la pobreza
de la población negra. Aunque no se pretende que todo el mundo la vea del mismo
modo, se tiene una idea aproximada de cómo va a ser interpretada, puesto que
vivimos en una sociedad blanca de clase media y se conoce muy bien la ideología
dominante, incluso aunque no se comparta.
Hasta ahora he preferido hacer un análisis culturalista
de la ideología de la imagen, ocupándome fundamentalmente de lo que transmite
acerca de los valores familiares, la felicidad y el estilo de vida deseable. En
este punto vamos a modificar el enfoque y a adoptar un análisis marxista. El
análisis marxista de la ideología centra su atención en las implicaciones económicas
del texto analizado. Un marxista se fijaría en la valla como el detalle más
elocuente de la imagen. La valla es un símbolo de la propiedad privada. La
valla divide la tierra. En la valla se resume toda la ideología capitalista de
la cultura occidental. La valla no plantea un problema, no se cuestiona, sino
que se normaliza. Pensad por un momento de qué otras formas puede tratarse la
tierra. Los aborígenes, por ejemplo, no conciben la tierra como objeto de
posesión sino como algo que debe cuidarse.
Ideología
dominante
Todo grupo social tiene su propia forma de pensar,
sentir, creer y entender el mundo. Existen múltiples ideologías; quiero
considerar ahora la idea de ideología dominante planteada por Louis Althusser. Althusser,
siguiendo a Marx, sugirió que todas las sociedades tienen una ideología
dominante. Esta ideología, compartida por la mayor parte de la sociedad, está
compuesta por un conjunto de creencias y valores coincidentes. La ideología es
dominante en dos sentidos. En primer lugar, en sentido numérico. En segundo
lugar, porque apoya los intereses de la clase dominante. Analizaré la manera en
que las creencias y valores dominantes, apoyados por grupos específicos de la
sociedad, llegan a ser aceptados y compartidos por muchos, y cómo los medios de
comunicación contribuyen a lograr esa aceptación.
Althusser sostiene que el concepto de ideología
trasciende la conciencia. Contempla la ideología como la fuerza inconsciente en
que la gente vive más que notarla. A modo de ejemplo, pensad en la forma nada
problemática en que se acepta la noción de propiedad privada en la cultura
occidental. Damos por hecho que los individuos pueden acceder a la propiedad
exclusiva de toda clase de bienes y tierras. La propiedad privada, sin embargo,
ha evolucionado desde sociedades en las que el derecho de propiedad se
encontraba predominantemente en manos de una minoría. El siete por ciento de la
población de Gran Bretaña y Australia —el que se beneficiaba realmente del
sistema de propiedad privada: el sistema mantenido por la ley y regulado por
ella— poseía el 84% del total. No estoy diciendo que el derecho de propiedad
privada sea una equivocación. Sino, simplemente, que de esta ideología,
compartida de forma mayoritaria en Occidente, se benefician en realidad aquellos
que tradicionalmente disfrutan de mayores posesiones. La ideología dominante
apoya los grupos de poder dominantes. De aquí surge la pregunta: ¿por qué
apoyamos algo que no nos beneficia?
Althusser propone la existencia de dos mecanismos para
conseguirlo: el Aparato Represivo del Estado y el Aparato Ideológico del
Estado.
El Aparato Represivo del Estado se compone de mecanismos
que obligan a la gente a adaptarse a la ideología dominante. Se utilizan
deliberadamente para controlar el sistema penal y coaccionar a la gente que
pretende cambiar el sistema. Se trata fundamentalmente de instituciones
legales: la policía, el sistema judicial, el sistema penitenciario y el
ejército, que se ocupan de quienes perturban el desarrollo de la sociedad.
Estas fuerzas no actúan sobre los sentimientos y las ideas de la sociedad, sino
que hacen uso directo de la fuerza. Sus tácticas, aunque actúen de la misma
forma, varían a través del tiempo. Considérese por ejemplo el castigo. En la
Edad Media, el castigo era un espectáculo público. A la gente se la ahorcaba en
público, se la encadenaba en la plaza mercado, eran lapidados. Hoy el castigo
es privado. A los criminales se les encierra en lugares apartados. Las
ejecuciones son privadas y no públicas. En el contexto de los medios de
comunicación, la censura es parte del Aparato Represivo del Estado.
El Aparato Ideológico del Estado resulta bastante más
interesante para quienes analizamos los medios de comunicación. Se trata de
instituciones mediante las que se nos socializa a fin de aceptar la ideología
dominante. El aparato ideológico del Estado no funciona de manera coactiva.
Opera simplemente a través de conquistar nuestro asentimiento hacia la
ideología dominante. Althusser identificó las instituciones fundamentales que llevan
a cabo este proceso de socialización: la iglesia, la familia, el sistema
educativo y los medios de comunicación. De hecho, hoy en día los medios son con
toda probabilidad un agente de socialización más importante que la iglesia.
Mi argumento principal, que aquí simplifico
intencionadamente, es que los medios de comunicación tienden a apoyar la
ideología dominante. Más adelante introduciré mayor complejidad en el
argumento. Por ahora señalaré que los medios de comunicación apoyan la
ideología dominante produciendo programas y productos que defienden los valores
de la cultura blanca, patriarcal y capitalista. No obstante, hay dos elementos
importantes que tienden a socavar este proceso:
Con el objetivo de ganar apoyo para la ideología
dominante a través de sus productos, los medios de comunicación deben obtener
el respaldo de aquellos grupos sometidos y minoritarios (mujeres, indígenas,
clase trabajadora, etc.). Deben ofrecer productos que también proporcionen
placer a esos grupos, puesto que suponen la mayor parte de la audiencia.
Los medios de comunicación se ocupan a menudo de
tensiones y desórdenes sociales. Por ejemplo, las noticias y sucesos de
sociedad están casi siempre basadas en conflictos. El teatro, las series y las
películas giran habitualmente en torno a conflictos: entre personajes y
sistemas de valores. Los dramas policiacos centran su atención en crímenes y
fracturas sociales. Las comedias de situación se ocupan de la familia y las
relaciones entre sexos. Podemos ver así que aunque los medios de comunicación
apoyan la ideología dominante prestan también atención a los problemas
sociales. Si bien, el hecho de que se ocupen de ello no significa que lo hagan
de una forma que cuestione el sistema. Lo que es fundamental son las
convenciones utilizadas por estos programas para manejar y resolver los
problemas que presentan. En ello consiste la acción ideológica de los medios de
comunicación.
Los medios de comunicación hacen este tipo de trabajo
principalmente de dos formas distintas:
En primer lugar, pueden ocultar o eludir ciertos
problemas sociales. Algunos asuntos simplemente se evitan, como si no
existieran. Se trata de aquellos temas que no suscitan la atención de los
medios de comunicación. Algunos grupos están particularmente ausentes de ciertos
tipos de representación mediática: por ejemplo, es raro ver un aborigen en una
serie de televisión, pero no lo es que aparezcan a menudo en las noticias como
culpables de algún delito. Raramente vemos a gente discapacitada en los
anuncios, y a pocos homosexuales en las pantallas de los televisores.
Los medios de comunicación enmascaran con frecuencia las
diferencias sociales existentes a través del tratamiento que dan a los grupos
sociales utilizando etiquetas uniformadoras. Las tres formas más repetidas de
dirigirse a la audiencia son: ‘miembro de una familia’, ‘australiano’ y ‘parte
del público’. Algunas veces encontramos las tres al mismo tiempo. En Australia,
muchos anuncios como el del BANKWEST, recurren a estas formas unificadoras. Es
muy probable que en otros países ocurra lo mismo.
Estas etiquetas no son falsas puesto que somos esas tres
cosas, un miembro de una familia, un ciudadano, parte del público. Pero se
utilizan para unificarnos, clasificarnos como iguales y sugerir que compartimos
los mismos propósitos, objetivos y deseos, disfrazando y alterando las
diferencias: por ejemplo, entre ricos y pobres, blancos y negros, hombres y
mujeres, etc. Las diferencias sociales, en particular las relacionadas con la
clase y la identidad étnica, se disuelven en unidades de identidad doméstica y
nacional. Las contradicciones sociales se enmascaran o alteran al ser
presentadas en términos personales o psicológicos o dentro del marco moral del
bien y el mal, en vez de en términos sociales. Las series policiacas son un
buen ejemplo. La conducta de un criminal se entiende a menudo como el resultado
de un defecto de la personalidad, pero no como un problema social fruto de la
pobreza, el desempleo y el tráfico de drogas.
Otra forma de maquillar las contradicciones sociales se
realiza a través de la presentación de una sociedad plural. Una sociedad plural
consta de diferentes grupos sociales y por lo tanto exhibe una pluralidad de
voces. Éstas pueden tener distintas perspectivas y posiciones sociales, y en
democracia se nos permite hablar y tener acceso a los medios de comunicación.
Cualquiera puede convivir con los demás como un igual. Pero esta visión plural
enmascara los conflictos sociales al sostener que disponemos del derecho y la
oportunidad de hablar si lo deseamos.
La segunda forma importante en que el trabajo ideológico
realiza su función es a través de la incorporación o contención de otras
posiciones ideológicas. Antes que intentar rechazar o censurar las voces
disidentes, los medios de comunicación las neutralizan al ofrecerles en
ocasiones un lugar donde expresarse, pero dentro del sistema general. Tomad el
ejemplo de la cultura juvenil. Los movimientos juveniles en las sociedades
occidentales han amenazado con perturbar las ideologías relativas al modo en
que hemos de comportarnos. La resistencia juvenil se muestra a través del baile
(rap y rave), la música y la forma de vestir (punk, góticos). Aunque algunos
intentan limitar estos movimientos juveniles por medio de acciones legales y
policiales centradas en las drogas, los medios de comunicación acomodan
aspectos de la música popular o el estilo punk en las tendencias principales de
la sociedad. Así, la música rap se incorpora a la música popular, el estilo
punk se pone de moda. La popularización y comercialización de los elementos del
estilo juvenil los despoja de su tendencia radical. De forma similar, los
medios de comunicación han incorporado a la corriente dominante elementos del
feminismo, sin duda, hurtándole sus aspectos más radicales. La dura y no
reconocida labor que realiza la mujer se transforma en la satisfacción que
proporciona la casa y la crianza de los hijos.
En ocasiones, ideologías o discursos distintos pueden
encontrarse en un mismo texto. Las viejas ideologías y discursos del pasado, las
ideologías y discursos actuales (que forman parte de la ideología dominante) y
las nuevas, emergentes ideologías y discursos pueden coexistir.
Este argumento de la incorporación tiene dos caras.
Mientras se puede mantener que las sociedades democráticas neutralizan y
contienen las voces disidentes a través de su incorporación, puede sostenerse
también que al popularizarse empiecen reformar la ideología total de la
sociedad.
Ideología
Sistema
de representaciones del mundo (filosofía, arte, religión, derecho, moral...)
que utiliza la clase dominante para legitimar su posición privilegiada frente a
las clases oprimidas.
En
sociología se llama ideología a todo conjunto más o menos sistemático de
creencias que intentan explicar al hombre y el mundo, a la vez que orientar su
conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos. En este
sentido general, toda teoría del mundo es una ideología: lo es tanto el punto
de vista reaccionario como el conservador, tanto el progresista como el radical
(incluido el propio marxismo). En todas las sociedades encontramos teorías del
mundo o ideologías puesto que, como señaló Engels, "todo lo que mueve a
los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas". Pero el
marxismo añade a este concepto general las siguientes peculiaridades:
a)
entiende la ideología de un modo tan amplio que acaba identificando
ideología con cultura; en la “Crítica de la economía política” nos dice
Marx que la ideología abarca el derecho, la política, la religión, el arte, la
filosofía, y (sugiere) hasta la misma ciencia;
b) las
ideologías no describen al hombre y su situación en el mundo y la
sociedad de un modo correcto, sino de un modo deformado, falso;
c) esa
deformación en la descripción del hombre es consecuencia del interés de la
clase dominante por mantenerse en su situación de dominio; como nos dice
Marx en “La ideología alemana” “las ideas de la clase dominante, son, en todas
las épocas, las ideas dominantes”. La clase dominante dispone de los medios de
producción material, pero también del control y producción de los bienes
espirituales, de la producción de la cultura, por lo que las ideas que en una
sociedad triunfen serán las que la clase dominante quiera que dominen;
d) las
ideologías son un “producto social”: los pensamientos de los hombres son
consecuencia de la sociedad en que viven, particularmente del orden económico
vigente;
e) como
resultado de la tesis anterior, las distintas formas de ideología (religión,
política, filosofía) no tienen historia ni desarrollo propio; esto quiere
decir, por ejemplo, que una historia de la filosofía que explique los distintos
sistemas filosóficos a partir de los problemas y las soluciones que los
filósofos han presentado (una historia “interna” de la filosofía) es una mala
historia de la filosofía; la “buena” historia de la filosofía debe mostrar la
relación entre los sistemas filosóficos que aparecen a lo largo de la historia
y las circunstancias económicas de las que son un reflejo.
Dada
esta interpretación de la ideología como una forma de alienación, una de las
tareas fundamentales de la filosofía será la de desenmascarar el supuesto
carácter objetivo de las descripciones ideológicas; la filosofía se concibe
esencialmente como filosofía crítica. Esto es lo que intenta hacer el
marxismo, por ejemplo, con su crítica a la religión y a la economía política
clásica. Y es también lo que lleva al marxismo a creer que una de las tareas
más difíciles será lograr en el proletariado una conciencia de clase pues, dado
el control que tiene la clase explotadora de las distintas formas de producción
espiritual, lo más probable es que el propio proletariado defienda ideas que no
le convienen, ideas que son las que a la clase dominante le interese que
piense. La superación definitiva de las ideologías sólo podrá realizarse con la
desaparición de la explotación del hombre por el hombre.
En el siguiente texto, Karl Marx
presenta el concepto de ideología como las representaciones que el hombre se
hace de la realidad ligadas a las condiciones materiales de existencia, las
condiciones reales en las que se desenvuelve la vida humana.
"Los
hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero
los hombres son reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un
determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que a él
corresponde, hasta llegar a sus formaciones más amplias. La conciencia no puede
ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su
proceso de vida real. Y si en toda la ideología los hombres y sus relaciones
aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde a su
proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse
sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico. Totalmente
al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo
sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte
de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del
hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de
aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y,
arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los
reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vía. También las
formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son
sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente
registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la
metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas
corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. No tienen
su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que
desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también,
al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No
es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la
conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del
individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde
a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la
conciencia solamente como su conciencia."
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